Mayo, 2018

 

ABSTRACT

La educación artística es compleja pues no sólo se reduce a la enseñanza de herramientas y métodos para que el estudiante domine la técnica, ni mucho menos a la inserción a posteriori de un discurso conceptual en los procesos creativos. Tampoco es exclusivamente la que sucede en instituciones y academias especializadas en Arte, la educación artística es un proceso de reflexión que surge de una relación espacio-tiempo entre diversos agentes, es decir, es el resultado de una serie de situaciones que a modo de un happening fueron provocadas por un docente el cual decide plantear preguntas y no dar respuestas. Mi interés por generar espacios de reflexión colectiva e intermedial reside en su potencia como momento de intercambio, donde los participantes ponen sobre la mesa todos los elementos que tengan para pensar de forma horizontal sobre una problemática en específico.

KEYWORDS

#arte #arteeducacion #intermedialidad #art #workinprogress

En agosto del año pasado recibí una invitación para colaborar con el colectivo de artistas Luz Viajera 1 en la impartición de un taller introductorio sobre arte contemporáneo. El correo comenzaba más o menos así:

¡Hola Cecilia!

Este correo es para agradecer tu interés en participar con nosotros y hacer oficial la invitación a formar parte del segundo módulo del Diplomado en Fotografía Contemporánea (DFC) Luz Viajera - Guadalajara, generación 2018/19. Sabemos que aún es muy pronto, pero es necesario definir el programa ya que en Octubre de este año comenzaremos a realizar su difusión. Queremos confirmar tu participación; darte una introducción a los objetivos y programa del diplomado; hacer oficial tu propuesta económica y por último solicitar los documentos que requerimos de tu parte.

Su intención fue mostrarme la estructura del DFC, la propuesta de fechas para mi taller y dejar un espacio libre para que yo mandará un programa de vuelta. Ese correo dio pie a una serie de preguntas importantes sobre mi práctica como artista, docente, estudiante2, investigadora, y de cierto modo, la forma de relacionarme con las y los otros como persona. Si bien las reflexiones han ido apareciendo de forma natural y orgánica, no había tenido la oportunidad de profundizar en ellas. Este ensayo es un intento de traer al presente, desde la experiencia, lo que ha sido para mí generar espacios de reflexión colectiva e intermedial.

Luz Viajera es un proyecto de educación artística alternativa impulsado por el artista visual, químico y gestor jalisciense Juan Pablo Medina y los artistas Cecilia Gutiérrez y Arturo González. Actualmente Luz Viajera ofrece el Diplomado en Fotografía Contemporánea (DFC) en Guadalajara y Monterrey, integrado por tres módulos de tres o cuatro talleres cada uno y la presencia de un tutor, quien acompaña a los estudiantes en el desarrollo personal de sus proyectos. También ofrecen cursos y talleres sobre el estudio de la imagen contemporánea.

Cuando inicié a plantear el taller lo titulé Preludio: aquello que sirve de entrada. Recordé las clases que disfruté en la licenciatura y aquellas que sufrí. Recordé los ejercicios que sirvieron en mi proceso y pensé sobre las estrategias que los hicieron posibles. Descubrí que las materias que más gocé fueron en las que teoría y práctica se unieron sin nombrarlo explícitamente.

El reto del taller era su duración: 9 horas distribuídas en 3 sesiones de 3 horas. ¿Cómo dar un taller de introducción al arte contemporáneo bajo ese formato? Comenzó el descarte. ¿Quién se va a quedar fuera?, ¿cuál va a ser la narrativa?, ¿a qué tipo de arte vamos a introducirnos? La pregunta se volvió afirmación. La Historia del Arte ha sido escrita desde una perspectiva occidental y blanca de la que se han quedado fuera manifestaciones, géneros y latitudes que no corresponden a ese discurso y que hasta el día de hoy se lucha por la inscripción de éstos fuera de la referencialización. Decidí mezclar cronologías y reiterar que ese taller sería una historia de tantas. Luego de mandar la primera propuesta me anunciaron que el grupo no se completó y que por lo tanto el taller no se llevaría a cabo, a pesar de que yo ya había trabajado en ello.

Meses después se logró que el taller se realizara como un evento aislado en PAOS Gdl3, abierto al público en general. La noticia me emocionó porque mi trabajo no había sido tiempo perdido y porque el lugar es artísticamente importante. Regresé al programa y regresaron las preguntas: ¿qué textos?, ¿qué orden? Opté por dos lecturas obligatorias y una opcional: Moderno, posmoderno y contemporáneo4 de Arthur Danto, Dar cuenta del pasado: del archivero al historiador5 de Miguel A. Hernández-Navarro, y ¿Cuándo inicia el arte contemporáneo?6 de Andrea Giunta.

Llegué a Guadalajara un jueves y me hospedaron en la residencia de PAOS. Fue significativo dar las clases en una casa prestada por cuatro días. Desde que me quedé sola en mi habitación seguí trabajando. Pensé en cómo comenzar y si las presentaciones de los estudiantes debían suceder todas al mismo tiempo. Decidí que no. Previo al taller, los estudiantes investigaron una obra: Duchamp, Hamilton, Klein, Magritte, Rauschenberg, Ray, Tzara y Warhol. Mi ejercicio fue con Cage.

Ese ejercicio serviría como justificación de su presentaciones personales ante el grupo, es decir, importa quiénes sean los participantes no sólo por su nombre y lugar de residencia, sino por lo que tienen que decir. Las obras que investigaron fueron intercaladas con otras que yo propuse y así comenzó no una clase, sino una conversación fomentada por la escucha. Los nombres de artistas y obras fueron apareciendo a la par de los nombres de los estudiantes. Fue realmente interesante observar la capacidad de análisis que tuvo cada uno dependiendo su propio contexto. Dominga leyó la obra desde su profesión como antropóloga. Érika evidenció aspectos técnicos relacionados al desarrollo industrial y económico de la época. Paula hizo un análisis desde la ignorancia, comenzó diciendo que estaba estudiando la preparatoria y que no sabía nada. Su investigación fue minuciosa, detalla, incisiva. Se dio el tiempo de mirar cada parte del collage que le tocó, y por si fuera poco, fue la obra en la que nos detuvimos más tiempo.

El día siguiente cambié el orden de la presentación, ajusté lo que no vimos el día anterior, y sin consultar al equipo de PAOS decidimos tomar la clase en el patio, pues la temperatura ascendía los 35º y el salón era muy pequeño. Apelamos a que era nuestra casa y podíamos ocuparla como quisiéramos sin afectar las actividades programadas. La decisión fue determinante y nos relajamos. Disfrutamos. La clase comenzó con mi investigación sobre los 4:33” de John Cage, pieza fundamental del arte contemporáneo. La escuchamos. La experiencia del silencio atravesada por los sonidos del ambiente y el aire fresco nos acercó. Luego de la discusión sobre la obra les conté de la selección: artistas hombres y blancos, todos inscritos en la Historia del Arte. Las preguntas se dieron: ¿quiénes hicieron de ellos los grandes artistas del siglo XX?, ¿por qué?, ¿acaso fueron los únicos?

La educación artística es compleja en muchos niveles, no sólo se reduce a la enseñanza de herramientas y métodos para que el estudiante domine la técnica, ni mucho menos a la inserción a posteriori de un discurso conceptual en los procesos creativos, como un barniz que se le aplica a una mesa de madera para que brille y se pueda vender. Tampoco es exclusivamente la que sucede en instituciones y academias especializadas en Arte. La educación artística es un proceso de reflexión que surge de una relación espacio-tiempo entre diversos agentes, es decir, es el resultado de una serie de situaciones que a modo de un happening, fueron provocadas por un docente el cual decide plantear preguntas y no dar respuestas.

 

 

En algún momento de la noche, mientras nos tomábamos una cerveza, llegamos al trabajo de Dick Higgings7 y su sociograma sobre la Intermedia (Fig. 1 Dick Higgins, "Intermedia", 1965). Un círculo de prácticas artísticas descentralizadas basadas “en las necesidades específicas de un cuerpo determinado, en este caso, los artistas.”8 En la intermedia, los elementos visuales están fusionados con laspalabras, opera como una alternativa ante el deseo de fusionar dos o más medios. La intermedia es un signo de interrogación, un espacio blanco que aparece como posibilidad en el quehacer artístico, y por lo tanto en el pensamiento sobre ese quehacer. La intermedialidad sirve en el espacio de clase para proponer el uso de los medios que tengamos a la mano para desarrollar nuestras ideas, “una manera útil para aproximarse a obras; [donde] uno puede preguntarse: ¿entre qué cosas que reconozco se sitúa esta nueva obra?”9 En pocas palabras, un espacio de reflexión colectiva e intermedial es poner sobre la mesa todos los elementos que tengan los participantes de la clase para pensar de forma horizontal.

El sábado por la mañana tuvimos una discusión muy larga sobre cuatro nociones generales que atraviesan al arte contemporáneo: autoría, corporalidad, multiculturalismo e institución. La idea fue generar un crucigrama colectivo de conceptos que arrojaran relaciones entre dichas nociones. A la par revisamos obra y discutimos la crisis de la modernidad en Latinoamérica utilizando de referencia el catálogo de la exposición Memorias del subdesarrollo10. El crucigrama (fig. 2 y 3) está hecho en diferentes direcciones y en cada letra “a” vacía se escribió la palabra arte por decisión colectiva. La realización de ese crucigrama es una práctica artística contemporánea en sí misma, en la que uno va entremezclando simultáneamente el hacer material con la investigación y la discusión.

 

Posteriormente, con el apoyo de Juana Díaz Infante, visitamos la galería independiente Guadalajara 90210 y el Museo de Arte de Zapopan. En cada espacio discutimos sobre las obras, el papel del curador, los dispositivos de exhibición, los espacios dedicados a la circulación, producción y consumo del arte; así como las posibilidades, desde nuestros campos, de generar otras formas para acercarnos al arte, para promoverlo, difundirlo y consumirlo en otros mercados.

Al final regresamos a casa cansados, sedientos y conmovidos. Concluímos sin saber qué es, que el arte es importante porque resiste y porque en él, como dice Therese Kaufmann, se debe hacer posible un acto de rebelión, un cambio de perspectiva y por lo tanto también una modificación de los modos de percepción hegemónicos.11 Coincidimos en que lo más gratificante del taller fue habernos visto las caras, sentarnos y escucharnos. Decidimos seguir trabajando en nuestro crucigrama para que la gente pueda llevárselo consigo y llenarlo con las definiciones que construyamos entre todos.

Hoy, luego de haber entregado las llaves de la casa y haber vuelto a la Ciudad de México, puedo decir que la educación artística está ligada a la vida, y es en los momentos de encuentro y en la ocupación del espacio público y privado que tiene sentido. Con esta experiencia entiendo a José Miguel González Casanova cuando afirma que “no se trata de entender el arte al servicio de una educación disciplinaria, ni a la educación al servicio de modelos de sensibilidad impuestos por un orden social constituido para dominar, explotar y acumular”12, sino de un proceso compartido donde arte y educación se nutren y acompañan para hacer de nosotros personas libres.

 

*Este ensayo no hubiera sido posible sin el apoyo de Luz Viajera, Juana Díaz, Lorena Peña (PAOS), Miriam Hernández (Guadalajara 90210), Bernardo y Manuel (SS MAZ), y de todos y cada uno de los participantes del taller.
  1.  Luz Viajera es un proyecto de educación artística alternativa impulsado por el artista visual, químico y gestor jalisciense Juan Pablo Medina y los artistas Cecilia Gutiérrez y Arturo González. Actualmente Luz Viajera ofrece el Diplomado en Fotografía Contemporánea (DFC) en Guadalajara y Monterrey, integrado por tres módulos de tres o cuatro talleres cada uno y la presencia de un tutor, quien acompaña a los estudiantes en el desarrollo personal de sus proyectos. También ofrecen cursos y talleres sobre el estudio de la imagen contemporánea.
  2. En su libro Pedagogías invisibles, Maria Acaso prefiere utilizar el término estudiantes frente a alumnos, por su cualidad activa y performática. María Acaso, Pedagogías invisibles, (Madrid: La Catarata, 2012).
  3. PAOS Gdl es un proyecto de residencias artísticas fundado en 2013 por varios artistas, entre ellos José Dávila. El proyecto está alojado en la Casa Taller José Clemente Orozco, la cual es prestada por los dueños.
  4. Arthur Danto, “Moderno, posmoderno y contemporáneo” en Después del fin del arte, (Barcelona: Paidós, 2010).
  5. Miguel Á. Hernández-Navarro, “Dar cuenta del pasado: del archivero al historiador” en Materializar el pasado. El artista como historiador (benjaminiano), (Murcia: Micromegas, 2012).
  6. Andrea Giunta, ¿Cuándo empieza el arte contemporáneo?, (Buenos Aires, Fundación arteBA, 2014).
  7.  Dick Higgings (Estados Unidos, 1938-1998) fue artista y miembro fundador de Fluxus. Estudió composición con John Cage, cuyas ideas formaron parte crucial de su trabajo. En 1963 fundó la editorial Something Else Press, donde publicó a autores como Gertrude Stein y Claes Oldenburg. Dick Higgins, [Breve] autobiografía de la originalidad (Ciudad de México: Tumbona ediciones, 2015).
  8. Íbidem.
  9. Íbidem.
  10. Memorias del Subdesarrollo. Arte y el giro decolonial en América Latina, 1960-1985 (San Diego: Museo de Arte Contemporáneo de San Diego, 2018).
  11.  Therese Kaufmann, Arte y conocimiento: rudimentos para una perspectiva descolonial, Traducido por Raúl Sánchez Castillo, (EIPCP, 2011).
  12. José Miguel González Casanova, “El museo escuela. Informe de una investigación de arte y educación” en Jardín de Academus. Laboratorios de arte y educación, (DF: MUAC-UNAM, 2011).